Conozca discurso central de Guillermo Teillier en acto aniversario: Apoyo a lucha feminista, oposición firme y unitaria, compromiso irrenunciable a demandas de DD.HH.

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Queridas compañeras y compañeros, amigas y amigos:

Nos reunimos una vez más para traer al presente aquel acto tan osado y de vanguardia para su época, de constituir un partido obrero de orientación socialista, en medio de las violentas represiones hacia los trabajadores en las pampas salitreras y  en  el centro y sur de nuestro país, como lo fue la matanza de la Escuela Santa María de Iquique.

Según los datos históricos, fueron entre 27 a 30 obreros y empleados, encabezados por el preclaro obrero tipógrafo Luis Emilio Recabarren, los que fundaron en Iquique el Partido  Obrero Socialista, el 4 de junio de 1912, siendo elegido Recabarren como su Presidente. Simultáneamente se fue conformado en Punta Arenas, Valparaíso, Santiago y otras ciudades, hasta abarcar todo el territorio nacional.

Queremos destacar que entre los presentes en el acto fundacional, estaba Teresa Flores, la única mujer participante, que nació y creció en una época y en un lugar en que a las mujeres les estaba vedado leer y escribir y debían dedicarse sólo al servicio “santificado” de la familia, encerradas en sus humildes hogares en los campamentos mineros.

Teresa Flores, que fue la primera dirigente sindical, organizó a las mujeres para trabajar junto a los sindicatos, como comités de dueñas de casa y con iniciativas tan extraordinarias, novedosas y efectivas como las huelgas de las “cocinas apagadas”, que era una forma de incentivar a los hombres, para que exigieran con más fuerza el fin de las imposiciones patronales, que las sometían a una vida miserable.

En Mayo de 1913 fundó un centro femenino con el nombre de Belén de Sárraga, una anarquista española y  activista de los derechos de la mujer a quien conoció cuando ésta vino a Chile invitada por L.E.Recabarren, precisamente a dictar charlas sobre feminismo.

Teresa Flores fue fundadora de los consejos femeninos dentro de la Federación Obrera de Chile, conformados por mujeres decididas a la lucha por los derechos sindicales, al mismo tiempo que reivindicaban el feminismo y el papel de la mujer en forma igualitaria que los hombres en la sociedad.

Fue el punto de partida para que el año 1924,  en un congreso constituyente de asalariados e intelectuales, el partido comunista propusiera como uno de los  principios más importantes a incorporar en la constitución del 25, la “igualdad absoluta entre hombres y mujeres”, teniendo en cuenta que las mujeres no tenían derecho a voto, el que sólo pudieron ejercer a partir de 1952 en las parlamentarias y presidenciales.

La Constitución actual preconiza la “igualdad de hombres y mujeres ante la ley”, lo que es altamente meritorio, pero no obstante se necesitan otras normas o medidas para lograr la efectiva igualdad de derechos garantizados, jurídica y materialmente por el estado, con equidad de género, que es lo que hoy están exigiendo las mujeres en nuestro país, lo que ha sido y será parte de las luchas principales de nuestro partido y en la que los hombres debemos tomar también un papel protagónico. Para nosotros, la lucha por la dignidad de la mujer y sus derechos, es una lucha mancomunada de mujeres y hombres.

La Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer -suscrita por Chile- prescribe expresamente que los Estados partes deben adoptar medidas para suprimir la discriminación contra la mujer en el empleo, la salud, educación, y en otras esferas de la vida económica para asegurar la igualdad entre hombres y mujeres. Chile, sin embargo, aún no ha ratificado el Protocolo Facultativo de esta Convención.

La participación de Teresa Flores en la fundación del POS y  el trabajo que realizó, junto a otras compañeras, por imponer una mirada feminista en nuestra concepción de partido y en las organizaciones sindicales, es una parte de nuestra historia, que vamos tratar con mayor profundidad e incidencia en la educación de toda nuestra militancia.

En nuestros propios estatutos, no basta con afirmar en su primer párrafo, que el partido fue fundado por trabajadoras y trabajadores revolucionarios, debe agregarse que el partido “está conformado por hombres y mujeres en igualdad de derechos y deberes”, sin ningún tipo de discriminación de sexo o identidad de género.

Saludamos a las mujeres que se movilizan en pro de sus derechos, a las estudiantes, a las jefas de hogar, a las obreras y profesionales, a las adultas mayores, a las mujeres indígenas, por todas ellas, los partidos políticos, en primer lugar, debemos dar curso a un proceso de educación que irradie hacia el conjunto de la sociedad, tras cambios culturales y de conductas a fin de erradicar toda forma de machismo, de acoso de cualquier tipo, de violencia hacia la mujer y de todo aquello que propenda a la desigualdad en el salario y el empleo, con normas y protocolos claros, para actuar y si amerita, sancionar conductas impropias.

Como se habrán dado cuenta, hemos iniciado este discurso realzando el papel de las mujeres en la fundación, construcción y enriquecimiento ideológico de nuestro partido,  presentes en toda nuestra historia, en las buenas y en las malas. Estamos seguros que seguiremos luchando juntos, codo a codo, para poner fin a la desigualdad social y a la discriminación en nuestro país.

Sería una injusticia no hacerlo, una falta de reconocimiento al papel que han jugado las mujeres comunistas en la lucha por los derechos de la mujer y cuando muchas de ellas se han ganado un lugar relevante como dirigentas, valientes, luchadoras y conductoras de la lucha política y social en Chile, como Julieta Campusano y Gladys Marín y en cuyos nombres las saludamos a todas.

Como ya sabemos, en el III Congreso del POS, celebrado en Rancagua, el primero y dos de enero de 1922, se decide por unanimidad asumir el nombre de Partido Comunista de Chile.

Nuestro partido, que estuvo proscrito e ilegalizado entre los años 1927 al 1931 por la dictadura de Ibáñez, que fue ilegalizado, perseguido, relegado, asesinados o presos muchos de sus militantes en el campo de concentración de Pisagua y borrados de los registros electorales, bajo el gobierno de González Videla, entre 1946 y 1952, situación que continuó bajo el segundo gobierno de Ibáñez hasta el año 1958, supo levantarse y contribuir a forjar la unidad y el entendimiento entre fuerzas progresistas de izquierda. En plena clandestinidad el año 1952 se formó el Frente del Pueblo que levantó por primera vez la candidatura de Salvador Allende a la Presidencia de la República.

En 1956 se conforma el Frente Popular, FRAP, que el año 1957 elige 25 parlamentarios y el año 1958 lleva de nuevo a Salvador Allende como como candidato presidencial, que pierde la elección por muy pocos votos.

En 1964 el FRAP insiste con la candidatura a la presidencia de Salvador Allende. Ocasión en que la derecha optó por no llevar candidato y apoyar a Frei Montalva, para evitar el triunfo de Allende.

En diciembre de 1969 se forma la Unidad Popular, que logra el histórico triunfo de Salvador Allende el 4 de septiembre de 1970.

 El gobierno de Salvador Allende ha quedado en la historia como un intento de avanzar hacia el socialismo por las vías institucionales, profundizando la democracia burguesa y por las medidas de soberanía y de equidad social que tomó durante su mandato. Quedan marcadas a fuego la nacionalización del cobre, la reforma agraria y la entrega de tierras a los campesinos, la participación de los trabajadores en la dirección del proceso productivo de empresas del estado y un creciente desarrollo de la participación popular y de la promoción del arte y la cultura.

Todas estas medidas y otras fueron ganando terreno entre la ciudadanía, que electoralmente se encontraba dividida en tres tercios. Allende obtuvo el 36,3 % de los votos en 1970, pero en marzo de 1973 la UP alcanzó el 43 % en la elección parlamentaria, lo que indicaba a las claras un apoyo creciente al Presidente Allende y que además frustró las intenciones de la oposición de lograr los dos tercios para declarar inconstitucional su mandato. Sin embargo, el gobierno de los Estados Unidos, encabezado por Richard Nixon, ya había determinado que harían todo,  para impedir que Allende asumiera y para derrocarlo si es que lograba asumir.

Tal política intervencionista abrió las puertas a la conspiración golpista, que hizo un primer intento con el asesinato del Comandante en Jefe del Ejército General René Schneider, el 25 de octubre de 1970, a pocos días del cambio de mando presidencial, para producir en ese momento una respuesta anti democrática de las FFAA, pero por reacciones en las propias FFAA no lo lograron.

Desde que Allende asumió fue objeto de una campaña de terror económico, bloquearon los créditos internacionales, organizaron el boicot a la producción, el desabastecimiento y el acaparamiento de productos de primera necesidad, desarrollaron un amplio accionar terrorista, con atentados a oleoductos, vías de comunicación y asesinatos políticos. Compraron a dueños de diarios, radios, a editores y periodistas y a políticos y militares para fraguar y consumar el golpe de estado, sobre la base de una inmensa campaña de engaños y mentiras. Se inventó un supuesto plan “Z” que consistiría en asesinar a todos los oficiales del ejército o que entrarían en acción 12 mil cubanos y unos 40 mil guerrilleros chilenos armados, por cierto inexistentes, argumentaron e hicieron campaña para declarar fraudulentas las elecciones parlamentarias de marzo de 1973. Con esto justificaron el golpe y los crímenes atroces que cometieron. Estaba tan determinado el golpe, que incluso cuando se informaron que el 11 de septiembre S. Allende llamaría a un plebiscito buscando una salida pacífica a la confrontación política, que se generaba entre gobierno y oposición, lo adelantaron y lo realizaron ese mismo día, horas antes que Allende hablara al país.

Y no era la defensa de la democracia y la libertad, ni la pacificación del país lo que motivaba a los golpistas, era la toma del poder, el poder total, la impunidad, para hacerse de las empresas del estado, para incrementar las utilidades de sus negocios, lo que queda más patente estos días con el escándalo de SOQUIMICH (Y no sólo SOQUIMICH!) y la forma oscura y fraudulenta como se ha despojado al país de una de sus principales riquezas, el Litio, y la forma como Ponce Lerou, el yerno de Pinochet, ha mantenido el poder total de una empresa del estado de la cual se apropió bajo dictadura. La corrupción y el maridaje entre grandes empresas y políticos, es la continuación de esa misma doctrina de apropiación, control y privilegios de una minoría por sobre la mayoría del país.

No aceptamos ni aceptaremos que se nos diga que todas las chilenas y chilenos fuimos por igual responsables del golpe y de la violación a los derechos humanos, como se ha insinuado en el mensaje del Presidente de la Republica. No señores, no pretendan cambiar la historia, está muy claro quiénes fueron los golpistas, está muy claro quiénes fueron los violadores de derechos humanos y eso no lo vamos a olvidar jamás, por más que se trate de blanquear a los culpables.

El golpe cívico militar y la dictadura constituyen sin duda alguna el tiempo más dramático y complejo que debió enfrentar nuestro partido en su historia. Era difícil imaginar la profundidad y la extensión de la represión desatada, la crueldad y la intensidad de las torturas, el trato inhumano, los crímenes, las vejaciones  y el exterminio que se cometieron contra los militantes de izquierda y dirigentes sindicales y sociales.

La brillante y valiente interpelación al Ministro de Justicia, que realizó Carmen Hertz, (a quien felicitamos y saludamos), con motivo del abrupto retiro ordenado por el Presidente de la República, del proyecto de reparación para los ex presos torturados, permitió por primera vez dejar establecido, de manera clara y documentada en los anales del parlamento lo que fue este periodo de genocidio y tortura cruel y aberrante.

No saben con qué orgullo, puedo decirles a las nuevas generaciones que a pesar del poder omnipotente que ostentaba la dictadura, desde las primeras horas del golpe, nuestros militantes, mujeres y hombres, del partido y las juventudes comunistas, supieron y fueron capaces de ponerse de pie,  instalando la resistencia, el salvataje de los perseguidos, la cobertura para sostener la vida clandestina.

Independientemente de los juicios históricos, para imaginar ese momento, es preciso aclarar que nuestra concepción era la de la vía pacífica al socialismo o no armada y que de la noche a la mañana nos encontramos ante una guerra declarada de las FFAA y las elites civiles de derecha, contra su propio pueblo desarmado.

(Quiero en este punto, hacer excepción de los militares constitucionalistas que se opusieron al golpe, entre ellos el General Alberto Bachelet, muerto por las secuelas de las torturas y el General Carlos Prats, asesinado en Buenos Aires. Muchos sufrieron tortura y el destierro o la cárcel).

Todo esto deja claro que no era fácil sobreponerse al terror, cuando el Presidente Allende en desigual combate ofrendaba su vida en La Moneda, cuando sus principales colaboradores y dirigentes de izquierda eran asesinados o confinados en Isla Dawson, cuando ya miles estaban recluidos en cárceles o campos de concentración y eran presa de la tortura y los juicios sumarios, cuando aparecían cadáveres flotando en el Mapocho o en ríos y lagos del sur, cuando los militares hacían allanamientos y razias nocturnas en las poblaciones populares, con toque de queda. Cuando estaban expropiados y acallados todos los medios de comunicación que pudieran informar la verdad y al contrario se difundían amenazas, bandos conminatorios, amenazas, o  se hablaba de falsos enfrentamientos, y se consideraba terroristas a los partidarios de la Unidad Popular.

Fue una lucha difícil y dramática. Los comunistas, al igual que militantes de otros partidos democráticos y de izquierda, nos vimos enfrentados a funcionarios y agentes del Estado, civiles y militares, sin escrúpulos, deshumanizados y capaces de ordenar y cometer asesinatos y las más terribles atrocidades. Se requirió de mucha decisión, valentía, dignidad, actitud aguerrida y consecuencia.

Así fue como fuimos parte fundamental de la lucha anti dictatorial.

No hay que olvidar que hubo más de 4 mil ejecutados políticos y detenidos desaparecidos en nuestro país, 45 mil torturados y detenidos por razones políticas, y cientos de miles de exiliados, relegados y despedidos de sus trabajos por su manera de pensar.

Fue en esa batalla decidida, junto al pueblo y los trabajadores, donde centenares de mujeres y hombres comunistas dieron su vida, más de quinientos forman parte de la trágica lista de ejecutados y detenidos desaparecidos. Son una muestra de que existió un terrorismo de Estado en una intención genocida y, al mismo tiempo, un ejemplo de lucha y consecuencia que no se podrá olvidar jamás.

El Partido se sobrepuso a esa tragedia, salió adelante e incluso más fortalecido con el ejemplo de nuestras queridas compañeras y compañeros. Ninguna persona honesta podría dejar de rendir homenaje y reconocer la lucha de esos mártires que llevaron adelante primero la resistencia y luego la política de rebelión popular, factores fundamentales en la desestabilización de la tiranía.

Entre ellos y ellas están los que desde el primer momento se pusieron al frente del partido en la clandestinidad, los que día a día fueron urdiendo la resistencia en la base social, los que cruzaban las fronteras, para mantener unido, al partido condenado al exilio, con el que resistía en Chile, para amalgamar en un solo haz su dirección y fuerza combativa.

Los que asumieron la política de rebelión popular y los que formaron parte de nuestra fuerza combativa, los que lucharon en solidaridad revolucionaria con otros pueblos y los militantes de otros partidos hermanos que cayeron en su afán de apoyar nuestra lucha. Todos ellos, hombres y mujeres, jóvenes o adultos son merecedores de nuestro homenaje más profundo, son los inolvidables e imprescindibles de nuestra historia y ejemplo para nuestras luchas de hoy con la frente en alto y el orgullo de ser comunistas. Están acá presentes Víctor Kot, Secretario General del PCA y Sebastián Ortiz, del CC del PC uruguayo, hijo de un detenido desaparecido, partidos que desafiando la operación cóndor nos ayudaron, incluso a costa de la vida de valiosos militantes.   (todos y todas estamos agradecidos de la solidaridad de pueblos hermanos).

Este sacrificio y esfuerzo de tantos miles de compañeras y compañeros le permitió a nuestro partido no solo sobrevivir, sino que seguir adelante, contribuyendo al fortalecimiento de la democracia y en la búsqueda de reformas transformadoras de beneficio social. Fuimos excluidos por mucho tiempo de poder participar plenamente en política, debió provocarse una crisis de la política de los consensos y del binominalismo, a raíz de las grandes movilizaciones de estudiantes y trabajadores el año 2011,  para que se abrieran nuevas perspectivas de encuentro y de convergencia política y social.

Al formar parte de la NM y en un esfuerzo unitario de diversas fuerzas políticas,  se lograron avances sustanciales como la gratuidad de la educación superior, la desmunicipalización de la educación pública, la carrera docente, el aborto en 3 causales, la creación de los ministerios de la Mujer y de las Culturas, la Reforma Laboral, la Reforma Tributaria, la regionalización y descentralización de la administración del estado, entre otras leyes y reformas.

En las últimas elecciones presidenciales sufrimos una derrota política electoral, que en ningún caso desaloja la posibilidad de proponerse nuevas reformas, en otras palabras la mirada estratégica hacia el futuro está abierta. Hay temas de envergadura que deberán abordarse bajo la actual administración, por ello valoramos altamente los puntos de coordinación entre  partidos que formábamos parte  de la NM, entre sus bancadas y también en algunos aspectos con integrantes del  Frente Amplio y otros partidos. No estamos llamando a conformar una coalición, sino que avanzar en la coordinación y convergencia tras objetivos comunes y generar la capacidad de enfrentar a la derecha ahora y en los próximos procesos electorales.

Hay que avanzar hacia una nueva convergencia social y política, de mayor cercanía con el pueblo, más amplia y diversa, no excluyente, con mayor capacidad de elaboración programática y de gestión, incluyendo una estrategia de desarrollo sustentable para Chile y la mayoría de las chilenas y chilenos.

Pero sin dejar de tener en cuenta temas pendientes: la anulación o transformación de la ley de pesca, la creación de una empresa estatal del Litio, el reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas y la creación del Ministerio y el Consejo de pueblos Indígenas, una reforma previsional que signifique un alza inmediata de las pensiones a los afiliados a las AFP y que propenda a su reemplazo, pasaje rebajado en el transporte de superficie para los adultos mayores y el cambio de la actual constitución hecha en dictadura por una generada democráticamente con la participación del soberano.

El actual gobierno, que ha tenido un inicio confuso de medidas y contramedidas, sigue conformando comisiones  a dedo, ajenas al parlamento, pero su producción de proyectos de ley ha sido muy pobre, al parecer tiene temor de ir a discutir al Congreso, donde se deben aprobar las leyes y que es donde se debe discutir porque están todas las fuerzas políticas representadas y donde las organizaciones sociales y expertos pueden opinar de cara al país en las audiencias. No tenemos ningún problema ni complejos para llegar a acuerdos en el Congreso, sobre proyectos que sean positivos para el país y si no es así, indudablemente votaremos en contra.

Lo claro es que Piñera está postergando la discusión de temas que son urgentes e importantes. Parece más interesado en alcanzar el liderazgo en las políticas intervencionistas en terceros países, lo que no es extraño si consideramos que representa a una derecha que usufructuó de la intervención norteamericana  para llegar al poder en Chile. Nada le impide que tenga una opinión, pero llevar adelante medidas punitivas contra otros pueblos, sin importar las consecuencias, no lo ameritan como el gran estadista que pretende ser.

Es verdad que en la derecha latinoamericana tiene el campo abierto. La impopularidad de Temer en Brasil lo tiene fuera de competencia. Lo mismo pasa con Macri, arrinconado por su política económica. El tercer pretendiente era Pedro Pablo Kuczynski de Perú, defenestrado por corrupción. No pretendemos darle consejo, pero en los tiempos que corren en nuestra América, lo mejor es propender a una política regional que impida la agudización de conflictos, en que prime el diálogo y que evite llegar a lo que se produjo en Chile el año 1973. Las consecuencias las conocemos de sobra.

Lo más probable es que en México gane López Obrador, un independiente progresista que se levanta como alternativa a sucesivos gobiernos de derecha. Y en Brasil, deben dejar en libertad a Lula Da Silva, candidato a la presidencia del partido de los trabajadores, al que todas las encuestas lo sitúan como el más posible ganador.

Compañeras y compañeros: como vemos, la lucha continúa, y el ejemplo de nuestros héroes y heroínas nos impulsan a seguir adelante.

Quisiera tener la capacidad para expresar todo el sentimiento de ustedes hacia nuestras compañeras y compañeros y nuestra admiración sin límites, así como el cariño y el afecto a sus familiares. Creo me supera la posibilidad de hacerlo con palabras. Por ello les solicito con todo respeto que nos pongamos de pie porque vamos a comenzar la parte central y solemne de este acto:

Hacemos hoy un justo homenaje a quienes ofrendaron su vida en esta batalla tan desigual, pero de objetivos tan preclaros que seguirán iluminando nuestra senda de lucha por siempre. Los nombres de los compañeros y las compañeras a quienes rendimos hoy homenaje son portadores de la mayor lealtad al pueblo, se transforman en un símbolo de la historia de nuestro partido y sus luchas y su forma de actuar consecuente. Por esta razón, el Comité Central con la aprobación unánime del XXV Congreso Nacional, resolvió otorgar la medalla Luis Emilio Recabarren, máxima distinción que otorga nuestro partido, a cada uno de los compañeros y compañeras militantes, detenidos desaparecidos y ejecutados, o caídos en combate. Creo representamos así el sentimiento de toda nuestra militancia.

 

Nos comprometemos a seguir vuestro ejemplo.

Nos comprometemos a nunca flaquear en la lucha por verdad, justicia y reparación.

¡Mil Veces Venceremos!