Discurso de Lautaro Carmona en la conmemoración de la gesta del 26 de julio, camino al centenario de Fidel
Tenemos una posición tomada y está nuestra convicción y decisión de hacer lo que esté de nuestra parte para resistir, oponernos y vencer las pretensiones del imperialismo norteamericano frente a Cuba. Ahí están distintos organizadores a quienes les manifiesto públicamente el reconocimiento porque está cursando una actividad llena de energía, llena de símbolos, llena de contenidos y que incluye el legítimo, justo y merecido reconocimiento a nuestra querida Alicia Lira. Que nos llena a todos de orgullo, que todos convenimos que siempre las distinciones pueden tener grados de imprecisión, pero en este caso hay una coincidencia absoluta: no había quien más lo mereciera en su condición de luchadora social.
Ella, claro, es una destacada militante comunista, pero en esa condición se socializa y hace su aporte a la lucha del pueblo con reconocimiento de todas y todos en forma muy transversal. Uno podría decir: ¿cómo debieran ser los comunistas? Pregunta que alguna vez se hacía el compañero Fidel refiriéndose al Che, en una restricción distinta, en otra dimensión y en otro tiempo. Cuando uno sabe que detrás de Alicia hay un esfuerzo de crecimiento personal, cuando para llegar a tener, digamos, la posibilidad de intercambiar en igualdad de condiciones con otras representaciones sociales y políticas, ella tiene que autoexigirse mucho más; cuando tiene que compartir el dolor, en tanto una calidad de ser humano muy presente en la personalidad de Alicia, lo hace socializando esa situación y diciendo: «Esto es una agresión no a mí como persona, no a nosotros como familia, ni a nosotros como partido; es al pueblo de Chila y por tanto, es una causa del pueblo de Chile».
Ahí tenemos una diferencia, un déficit que resolver: cómo incrementamos y hacemos crecer el contingente de luchadoras y luchadores que asuman en forma activa esta causa tan noble, tan propia, tan inalienable, tan entrañable para los comunistas.
Creo que el libreto que ha sido leído por nuestros compañeros, la intervención del compañero Óscar, la verdad es que cubren lo que uno quisiera que quedara instalado en una actividad tan significativa como esta. Por tanto, me permito algunas reflexiones que puedan ser un aporte, que nos ayude a apropiarnos mucho más.
Una conmemoración especial
Esta no es cualquier conmemoración o aniversario. No solo son 73 años de esa épica, de esa gesta que viene a enseñar algo de mucha trascendencia en las horas difíciles. Y nosotros estamos cruzando momentos difíciles en la política nacional y también internacional.
Cuando se organiza, se moviliza, se levantan banderas por causas justas y se actúa con consecuencia y perseverancia, sin ninguna duda se van a conquistar días distintos. Eso es el 53. Fue un revés desde el punto de vista de la lucha, si lo medimos restrictivamente en ese exacto momento, pero fue una referencia y una convocatoria a un pueblo entero. Fue una posibilidad de ratificar profundidad y compromiso. Entonces, es imposible imaginarse el 59 sin el 53.
Es parte de ese proceso de acumulación que permitió avanzar con determinación, con muchos combates, hasta la batalla que permitió conquistar el inicio de un proceso que, en titularidad absoluta, es propiedad del pueblo cubano, pero que, por la propia comprensión y principios de esa lucha, también nos involucra a todas y todos nosotros.
Y esa dialéctica debe estar presente siempre, incluyendo hoy día. Por tanto, la lucha hoy día no es solo ni tanto contra Cuba; es contra los pueblos. Es contra siquiera la determinación de aproximarse, por voluntad, por autonomía, por soberanía, por dignidad, a desafiar y emprender la construcción, en forma soberana y autónoma, de un proyecto político y social.
La ultraderecha a la ofensiva
Vivimos esta gesta cuando la ofensiva en el plano mundial y nacional pone a las fuerzas más reaccionarias en una posición de iniciativa avanzada. Esa es una lectura, y la hacen con una manifestación de exitismo, como que esto no tuviera límites jamás. Y así, como dice el movimiento popular o el pueblo en forma sencilla, pasan máquina, están en su tiempo, nos quieren dejar instalados porque será inapelable e irreversible.
Se equivocan. Sí, tienen una correlación que les permite correr el cerco, pero eso es transitorio. Ya a esta altura no hay ninguna medición dentro de la sociedad chilena que le asigne validación mayoritaria a las políticas que obtuvieron mayoría electoral.
Ya hay desafecto, ya hay desconfianza, ya hay defraude, y ahora hay que transformar eso en conciencia, en organización, en movilización. Hay que sacar de la vida real el ejemplo que mejor explique porque cuando las cosas se exageran y se estiran cual un elástico, por cierto que se va a cortar y va a develar qué cosas hay detrás de esto. Y eso es lo que está cursando en la batalla de hoy.
En un momento muy complejo, no hay que jamás dejar de profundizar en las ideas que nos movilizan. Recoger, con sentido autocrítico, las experiencias que están presentes en las luchas de los pueblos, pero sacar conclusiones para seguir luchando, y luchar, y luchar, como decía Gladys, hasta que se nos vaya la vida. Luchar hasta vencer.
En ese contexto, se somete a debate la profundidad democrática del proceso revolucionario en Cuba. Eso está en el debate, y yo he escuchado —no tengo ninguna pretensión, ni soy arrogante, ni me toca a mí corregir pronunciamientos de otras convicciones—, pero de verdad hay quienes me generan un registro de hasta dónde llega la jactancia de quien se cree dueño del conocimiento.
He escuchado a un dirigente del mundo nuestro, no de nuestra militancia, en un panel. Diputado, muy importante, por tanto, pero no le da ni la condición de diputado ni la calidad para dictaminar qué son los procesos, ni para no respetar lo que demandan los pueblos.
¿Qué es, para los que dudan? Porque nosotros, comunistas chilenos, no tenemos un seguidismo ciego. No es solo un problema de amistad construida por muchos años; es una convicción de un derecho. Tenemos clarísimo que cada proceso tiene su propia identidad y, como decía Mariátegui, ninguno es copia ni calco de otro; siempre está la originalidad de cada pueblo.
Cuba, un proceso popular
Pero, ¿dónde se define el carácter democrático de un proceso, si no es cumpliendo en rigor que se trata del gobierno del pueblo?
Eso es lo que lo resuelve: el gobierno del pueblo, no contra el pueblo, como ocurre en muchos procesos, incluyendo los que estamos viendo en Chile. Veamos el megaproyecto: ¿qué intereses defienden? Los de la élite, los del 1 % más millonario. Y, sin embargo, lo hacen con una votación, a través de una representación que nadie podría decir que no es la mayoría que tiene el Parlamento. Pero, ¿eso le da garantía?
¿O las posiciones guerreristas, la posición guerrera e invasiva que tiene Trump, porque es electo presidente de Estados Unidos, son ya condición democrática de esas políticas que no someten ni siquiera a consideración del Partido Republicano? Ojo con eso. Claro, cuesta más, hay que hacer más esfuerzo, pero ojo con las concesiones, como decía el compañero Fidel. Tengamos cuidado, porque si nos toman la mano, después será el brazo, después el codo, después la cabeza. Y tenemos nosotros, en conciencia, que defender nuestras posiciones.
Creo que seguirá siendo el proceso cubano, cubano valga la redundancia. No existen los modelos, pero sí existen las referencias. Nadie es copia de otro, ni siquiera dentro de la propia historia nacional. Cada tiempo tiene su historia. Es de la esencia del marxismo, porque se trata de transformar la realidad completa; y si es completa, es singular, es propia, por el tiempo o por el lugar.
Desde esa perspectiva, nosotros tenemos la convicción de que el avance de las luchas en torno a las banderas del proceso revolucionario en Cuba es un estímulo que alienta, que despierta más entusiasmo y que potencia la posición militante en distintas partes de nuestro continente.
¿Cómo recoger tanta experiencia? ¿Por qué no dejan que el proceso cubano funcione a su manera, a la cubana? No olvidemos nunca que, fuera del proceso mismo de la toma del poder, dos años después vino Playa Girón. Nunca han dejado que el proceso tenga el espacio. Y estamos hablando de un país, como decía el embajador, pequeño, con una cantidad de habitantes ya conocida.
¿Cuáles son sus riquezas como pueblo y como país? Si sacamos la cuenta, ¿cuál es la más importante de todas, la que envidian, la que quieren hacer pedazos? Es su gente. Ahí no hay oro, no hay plata, no hay petróleo, no hay riquezas que puedan usurpar y que desestimen la correlación de control económico de las riquezas naturales. Es su gente la que permite los indicadores en la ciencia, los indicadores en la salud y en la medicina, los indicadores en el deporte, en la cultura y en el arte. Y es esa misma calidad humana la que ha sostenido la industria del turismo.
¿Por qué no dejan? Porque quieren asfixiar a su gente, producir un reventón que pague las consecuencias. Lo que ellos bien distinguen es la fortaleza que tiene el proceso, transformando esto en casi un laboratorio genocida. ¿Cuánto va a resistir un pueblo cercado desde el punto de vista alimentario o desde el punto de vista de otras necesidades? Eso es lo que están poniendo a prueba. Y frente a eso ninguno de nosotros puede ser indiferente.
Nuestra posición sin ambigüedades
Tenemos una posición tomada respecto del desarrollo de los seres humanos y también con la generosidad y el desprendimiento del proceso cubano.
Aquí le entregaron al compañero embajador un presente que simboliza muy bien la unidad de los comunistas chilenos y cubanos, cubanos y chilenos. Esa foto es del acto en Santiago de Cuba por el cincuentenario del Moncada. Lo sé y lo digo porque estaba ahí, y fue trágicamente donde empezó a manifestarse esa fatal enfermedad que consumió la vida de Gladys.
Esa es la última foto en que Gladys estuvo, en plena actividad, como referente en esa actividad internacional que se hizo en el Moncada, en Santiago de Cuba, donde fue la convivencia con el compañero Fidel. Y muestra, entonces, cuánto hizo el proceso cubano por la vida de Gladys. Y no lo digo por una sola persona, porque eso simboliza a muchas personas.
Los que estamos aquí sabemos que incluso hay políticos de derecha, o familiares directos de ellos, que han tenido que acudir a la isla porque eligieron ese camino como reconocimiento al gesto del Comandante y del proceso cubano.
¿Qué otro país será capaz, en este mundo de hoy, de entregarle a nuestros pueblos —no solo a Chile, sino a nuestros pueblos una cantidad cercana a los mil médicos formados gratuitamente en la Escuela Latinoamericana de Medicina?, ¿A cambio de qué? A cambio de que en su ejercicio de la profesión disminuya el per cápita de médicos por personas, por habitantes. Cuántos médicos de origen mapuche, nuestro principal pueblo originario, con solo desprendimiento, no solo fue la solidaridad activa para capacitar, preparar, entregar mejores condiciones a quienes tenían que luchar contra la dictadura fascista en Chile. No fueron gestos de profunda humanidad, ¿Cuántas brigadas tiene Estados Unidos u otro país del mundo que se movilice como la brigada médica Henry Reeve que asiste a todas las calamidades y catástrofes naturales? Cuánto tenemos que agradecerle nosotros, que vivimos terremotos, que vivimos el aluvión de Atacama, a la voluntad y la reacción inmediata en cualquier condición. Lo digo como testigo real de la presencia de ellos en Atacama, entregando ayuda en un clima adverso para lo que es su realidad, y lo hacían con un trabajo de desprendimiento que estremecía.
Esas son obras humanas que no se inventan, que no son parte de un dispositivo de publicidad, sino que son la representación de una vocación: la vocación de poner en el centro a los seres humanos.
Ninguno de estos médicos les preguntaba a los damnificados qué pensamiento tenían y, al rato, vivían la ingratitud de muchos otros compañeros de izquierda que no los trataban con el reconocimiento que se merecían. Y ellos seguían y seguían.
Es decir, creo que tenemos que promover mucho más las cualidades que es capaz de formar un proceso como el que estamos hoy día saludando. Creo que desde el tiempo de Allende el acaparamiento y el desabastecimiento llevó a que, entre otros gestos, Cuba fuera de los que se comprometiera con el azúcar para el pueblo de Chile.
Entonces hay que precisarlo. Y esto: un pueblo que está en las condiciones que está, ¿qué lo limita a que no exprese otra opinión, que no sea su opción, su voluntad, etcétera?
Solidaridad activa, permanente y sobre todo creciente
Tenemos que lograr llegar a más gente. Esta batalla es de verdad, es seria. No es esto solo una celebración para recordarnos después de cuántos actos hemos hecho. Ojalá de aquí surgieran muchos pequeños actos, 28 de julio, porque es el día de hoy, que multiplicaran, que integrarán.Tenemos que mirarnos y decir: faltan otros. Y tenemos que ir sobre ellos con la verdad, con la frase y el argumento que persuadan, que integren, porque debemos, en todos los países de América Latina, construir muchas réplicas de la lucha del pueblo cubano para que el imperialismo sepa que no tiene solo el pedacito de territorio que tiene hoy por hoy la isla.
¿Cuándo han dejado en condiciones de despegar el proyecto, cuando mantuvieron Guantánamo bajo su orientación militar? Entonces, hagamos debate. No queremos… aquí no hay una convicción por mayoría. Aquí no hay una disposición; no. Es conciencia, claro, tiene un apellido: es conciencia revolucionaria. Y esa es opción de cada una y cada uno.
Es cierto que nosotros vamos a aportar con orgullo la opción que estamos haciendo. Creo, estimadas y estimados compañeros, que entre muchas de las iniciativas caminemos a fortalecer más el movimiento social y popular. Reproduzcámonos.
Vienen luchas que son muy importantes. Hay que fortalecer los gremios y los sindicatos, enfrentados a este gobierno y a este proyecto refundacional del sistema neoliberal.
Miren lo que dice el presidente del Partido Republicano hoy día. Lo que todos sabíamos de antemano era la sospecha abierta de que hay que evaluar privatizar Codelco. Es decir, es ir derechamente al Estado subsidiario que no logró ni siquiera el dictador imponer al cien por ciento. Ellos creen que llegó la hora y decimos: hagámoslo ahora que podemos tener una mayoría.
Aprovechemos el pánico. La defensa de las riquezas propias del Estado de Chile, acumuladas históricamente, tenemos que saber defenderla.
Vienen sobre las condiciones de trabajo de los sindicatos, de las trabajadoras y de los trabajadores. Flexibilización laboral, pérdida de derechos. Y, bueno, tenemos que vincular todas esas luchas en una sola, porque es una lucha, en un espacio, contra la expresión del capital dentro del país, pero también contra la expresión del imperialismo neoliberal internacional.
El imperialismo norteamericano
Pocas veces había sido tan fácil explicar qué es el imperialismo, porque era como un concepto abstracto. Podría ser una cosa u otra, según cómo lo comprendieran. Hoy día es cosa de mostrar lo que ha hecho en Medio Oriente, lo que ha hecho con Venezuela, lo que se propone con Cuba, para decir: eso es una imposición sin límite para saciar su expresión de poder ilimitado; una discreción de dirigir el mundo a la pinta de ellos.
Entonces, ¿cómo defender una propuesta distinta? Un solo camino nos enseñó Recabarren y también nos enseñó el proceso cubano: estando con él y con el pueblo. Tenemos que enraizarnos más con el movimiento de masas, en torno a causas.
Yo creo que el proceso de solidaridad internacional, de amistad entre los pueblos, chileno-cubano, cubano-chileno, es invitante, es seductor para integrar a mucha gente, pero también es muy necesario.
Esta batalla tenemos que ganarla. Está de por medio la humanidad y su futuro. Y yo creo que nosotros tenemos la decisión de entregar nuestro aporte, humildemente, pero nuestro aporte.
La tarea del Partido está en el movimiento de masas
Los invito, por ejemplo, a fortalecer el Colegio de Profesores. Va a estar en discusión su elección el próximo noviembre, pero hay que agrandar las fuerzas que pertenecen a él, afiliando a profesores durante el mes de agosto. ¿Por qué? Porque queremos que el día de mañana sea uno de los gremios que tenga mayor pronunciamiento, porque es un sector sensible a lo que pasa en la sociedad, así como lo son los gremios de la salud, los gremios del trabajo municipal y los gremios cuya actividad está todo el tiempo relacionándose con el pueblo llano.
Creo que tenemos que tomar esa ambición y fortalecer. Cada gremio, cada organización, tiene su propia identidad. Nosotros tenemos que contribuir a potenciarla desde nuestra posibilidad cierta. Esto no es suplantar, esto no es intervenir. No. Esto es confiar en que somos capaces de exponer argumentos, de empatar y empatizar con lo que piensan estos sectores.
Creo que, en un momento como hoy, sin ninguna duda, grandes cuadros del partido, que marcaron tantos momentos de referencia —estoy pensando en el compañero Corvalán, en el compañero Volodia, en Gladys, en el compañero Teiller—, todos han sido referentes que contribuyen a que sintamos, en forma tan natural, esta amistad tan profunda y tan enriquecedora para cada una de las partes.
La batalla de las ideas como dijo Fidel
Creo que estamos llamados, no tenemos opción, a reconocer nuestro puesto de combate, que será un combate de batallas de ideas, un combate ideológico, un combate de valores como la solidaridad y echar a andar, en función de la grandeza de los ideales que estamos representando. Por eso, con todos ellos, quienes han entregado todo, este es el año del cincuentenario de la detención y desaparición de las direcciones clandestinas del partido y la juventud, en el año 1976, que incluye a los anteriores, al 76 y también a los posteriores. Pero del 76 han pasado 50 años y la lucha sigue vigente y presente.
¿Cuánto hicieron nuestros compañeros cubanos por amortiguar en algo ese golpe tan duro que recibimos cuando perdimos un capital humano inconmensurable? ¿Cuántos de ellos seguramente cayeron con la bandera de nuestro partido, de nuestro pueblo, de nuestro país, pero también con la bandera cubana?
Entonces, estimulados por la convicción que representa nuestra querida Alicia Lira, yo los invito a que nos reproduzcamos, a que todos los días pensemos cómo somos más. Tenemos que crecer en la solidaridad material, pero sobre todo tenemos que crecer en la solidaridad política.
No olvidemos nunca, los que somos más viejos, lo que fue la experiencia de la solidaridad con Vietnam. Cuando el imperialismo se dio cuenta de que en este país, por ejemplo, que está muy lejos de Vietnam, había movimiento a favor de Vietnam, empezó a darse cuenta de que tenía que combatir en muchos frentes.
Tenemos incluso que saber hacer llegar el mensaje al pueblo y a la intelectualidad norteamericana, porque Trump se va a detener cuando esto tenga expresiones en el seno de su propio país. Y tenemos la causa con más perspectiva de humanismo como tarjeta de presentación.
Da orgullo levantar un movimiento que se hermanen con los pueblos del mundo cuando lo hace en nombre de una causa tan grande como es la causa de la Revolución Cubana.
Con decisión, actuemos. Y estoy cierto de que lo haremos hasta vencer.
Muchas gracias.
Santiago, julio 28 de 2026
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