Compañeros y compañeras de la Jota y el Partido
Familiares y amigos de nuestros caídos
Agradezco la oportunidad de entregar algunas palabras a nombre de las gloriosas Juventudes Comunistas en el marco de los 50 años de Calle Conferencia que fue la manifestación de una operación de exterminio y desarticulación a las direcciones de Jota y el Partido Comunista de Chile.
Son 50 años que caen sobre nosotros como una dolorosa pisada del reloj. En estas fechas, el vacío de las sillas se vuelve más profundo, los rostros fotocopiados se rejuvenecen y las preguntas sobre qué sería de ellos y ellas en el presente vuelven con más insistencia a nuestras noches de reflexión. Muchos de nuestros homenajeados ocupan el nombre de campamentos, escuelas, regionales y bases como un reconocimiento humilde y cotidiano que día tras día hace que nuevos jóvenes comunistas se pregunten quiénes fueron.
Pero mucho se habla de sus muertes y poco de sus vidas, su entrega militante, sus responsabilidades en la Jota y el Partido cuando tomarlas ponerlo en juego todo, sus familias que hicieron del amor una causa revolucionaria, sus dudas y sus miedos, la esperanza en la Unidad Popular, la tensión cuando todo comenzó a derrumbarse súbitamente. Todo eso no cabe en la muerte, un instante tan breve como injusto con aquello que motivó su andar por esta tierra. Este homenaje va, en mi humilde opinión, dedicado justamente a eso, a lo que dejaron por su paso entre nosotros, aprendizajes y testimonios vivos por medio de sus amigos que lograron sobrevivir a la persecución del Estado. A todos ustedes, mil gracias por perseverar y mantener viva la memoria. Por permitirnos soñar a quienes somos parte de una generación que no conoce otra forma de sociedad sino la del capitalismo salvaje.
Y es que hoy, a la luz de los hechos, toma una relevancia distinta acceder a esos fragmentos de verdad que nos traen compañeros como Juan Carlos Arriagada, Martita Friz, Lautaro Carmona, María Eugenia Puelma y tantos más que están presentes aquí. Cuando un gobierno de raigambre pinochetista vuelve a ocupar La Moneda, no solo debe preocuparnos la ofensiva que ocurre en el nivel de la estructura económica, sino también la operación política cultural para desmantelar nuestro patrimonio histórico.
Porque al fascismo no le basta con arrebatarnos el futuro y limitar nuestros sueños dentro de los estrechos márgenes del mercado. No, el fascismo también quiere quitarnos el pasado. Quiere reescribirlo y moldearlo a su gusto para despojarnos de nuestra identidad que entre dolor, resiliencia y sangre nos permite seguir hoy en pie. Ellos, los administradores de la miseria, quieren torcer la memoria para justificar el horror de sus crímenes. Quieren vestir sus insignias patrióticas sin que la historia les retruque su hipocresía. Quieren dejarnos sin horizonte y sin rastro, como si fuéramos capricho ideológico sin cable a tierra. Pero aunque la glotonería empresarial les haga creer que pueden poseerlo todo, la historia no les pertenece. La memoria colectiva, siempre polifónica y rebelde, insiste en traer devuelta a quienes quisieron hacer desaparecer.
Las y los comunistas somos parte de esas grietas, incómodas y persistentes que no les permiten cerrar con pegamento, con mentiras artificiales las heridas de un pueblo que aún extraña a sus compatriotas. Y en este momento, por medio de este homenaje, las Juventudes Comunistas renovamos el compromiso de continuar insistiendo, sin cansancio y sin renunciar a la alegría, en la lucha por los derechos humanos y el nunca más en Chile. Como una bella responsabilidad, tomamos la posta de quienes nos anteceden, familiares, amigos, compañeros y sobrevivientes para continuar una tarea que no se acaba con nosotros mismos.
Porque en quienes entregaron la vida por Chile se dibuja el futuro de la patria.
Catalina Lufín Pacheco
Presidenta de las Juventudes Comunistas de Chile
42,463 total views, 903 views today







